Zeitgeist
Hace años me seleccionaron para participar en una expedición himaláyica. La “Delegación de la Juventud y el Deporte” –un organismo oficial— nos pagó los permisos, parte del material y los billetes de avión a Nepal. Unos 6000 € por expedicionario. El resto de los gastos lo sufragamos con créditos personales que, en mi caso, pagué durante un año.
A mi regreso a España, un empresario triunfador me invitó a comer después de haberme enseñado, orgullosamente, sus cinco Mercedes comprados en Alemania con el dinero negro de su negocio. En la comida, el empresario me presentó a su hija pequeña: Mira Yolanda, aquí tienes a Alexandrós que se fue al Himalaya con el dinero de los impuestos que pagamos todos nosotros.
Yo, sorprendido, miré a la niña, la besé, y por respeto hacia ella, le sonreí melancólicamente. Ella también me sonrió, pero en la comisura de sus labios creo que adiviné su pensamiento: ¡hola defraudador!

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