Sospecha
Salí tarde de la tienda. En invierno anochece temprano y las calles se vacían pronto. Delante de mí camina una mujer morena. Lleva una chaqueta negra y una falda de cuadros rojos y negros, y por su aspecto aparenta unos cuarenta años. Su taconeo se amplifica en la calle solitaria. Mira de reojo hacia atrás. Supongo que me ve y para no molestarla aminoro mi paso para aumentar la distancia entre ambos. No debe ser cómodo sentirse seguida por un extraño. Parece que llevamos el mismo camino. Al final de la calle, a mano izquierda, hay una alameda que aprovecho para cruzar en diagonal mientras ella, prudentemente, la bordea. La adelanto. Ahora es ella la que me queda detrás y su taconeo suena a mi espalda. Se ha invertido la posición y continúo más tranquilo. Sólo me faltan unas callejuelas para llegar a casa pero ahora escucho que el taconeo de la mujer se apresura, se acerca... me vuelvo.
– Perdone señor. Es que me da miedo cruzar sola estos callejones.
La acompaño hasta el portal de su casa. Me da las gracias y a los pocos minutos también llego a la mía.

|